lunes, 12 de marzo de 2012

El fin de las sombras

Después de mucho tiempo, quizás demasiado, sin escribir en nuestro blog, queremos volver a retomar las publicaciones de aventuras, viajes, comentarios, rutas, anécdotas y un largo etcétera de historias de nuestro día a día.

Os escribo estas líneas a 11 kms de altura en algún punto entre Moscú y Madrid. Tras algo mas de dos meses estamos volviendo a casa, y aunque será una visita relámpago que nos llevará a múltiples ciudades por el oeste Europeo y a cuatro países distintos, estamos deseando pasar por Cádiz y Sevilla, donde queremos ver a muchos amigos y compartir vivencias. Igualmente, y al mismo tiempo, no estará nada mal recibir las caricias del Lorenzo por encima de los cero grados y rodar un poco con nuestras monturas, que nos estarán echando de menos.

Para aquellos que estáis mas desconectados de nosotros, comentaros ahora estamos viviendo en Togliatti, Rusia. Nos mudamos aquí, por cuestiones laborales, en octubre de 2010, y como podéis imaginar, las historias no han dejado de multiplicarse en este increíble país en el que tanto hay por explorar y descubrir.

Зто Россия, y por muy rudo, terco y frío que nos pueda parecer desde nuestra cálida Andalucía, esconde en su interior todo un maravilloso mundo por explorar y vivir. Una cultura fascinante que no deja indiferente a nadie. Frío y cálido, amable y desagradable, cercanos y distantes, honestos y piratas, y todo ello al mismo tiempo. En Rusia, dos cosas tengo muy claras despues de este tiempo: nada es lo que parece y jamás sabes como acabará cualquier tarea que pretendas llevar a cabo. Jamás. Rusia, un pueblo amante de la buena música, literatura, el cine y el teatro, que hacen de su población gente muy culta e interesante, sobre todo, y sin animo de menospreciar a nadie, el colectivo femenina, que son, sin duda alguna, el mayor de los tesoros que esconde este inmenso país. Aprovecho para felicitar a todas las mujeres, ya que hoy es el día de la mujer, muy celebrado en este país y donde es casi obligatorio, en un día como el de hoy, regalar flores a las mujeres con las compartes tu vivencias, ya sean laborales, de ocio o de cualquier otra índole. Felicidades!

Muchos me preguntáis como soporto vivír a 25 grados bajo cero durante 6 meses al año y que es lo que mas añoro. A la primera pregunta, aquellos que mejor me conocéis, sabéis perfectamente la respuesta: no hay mejor traje de agua ni mejor abrigo que el ánimo. A la segunda, confesarė que aun teniendo a mi lado a una mujer tan maravillosa todo lo hace todo mucho mas sencillo, no son pocos los dias en los que me encantaría pasar una buena tarde al lodo de mis dos sobrinos, pues es enorme la devoción que siento por ellos. Los adoro! Creo que es lo que peor llevo, ver lo rápido que crecen y estar perdiendomelo.

Bueno, esperamos poder seguir actualizando el blog mas frecuentemente y no perder jamas el contacto con aquellos con los que un día cruzamos nuestros lazos de amistad.

Un fuerte abrazo para ellos y un besazo para ellas.

domingo, 1 de febrero de 2009

Madrid - Musical GREASE 24/01/2009

Tenía muchas ganas de ver "Grease, el musical de tu vida"... Así que nos propusimos sacar las entradas y pasar un fin de semana en Madrid.

El sábado nos levantamos muy temprano y con un coche de alquiler pusimos rumbo a la capital.

Aunque estabamos bastante cansados, el viaje se nos hizo muy ameno; supongo que sería por las ganas que teníamos de ir.

Llegamos a sobre las tres de la tarde más o menos, al hostal que habíamos reservado; dejamos los bartulos y salimos a la calle para almorzar. Fuimos a la plaza mayor y nos comimos unos bocatas de calamares que quitaban tó las penas del sentío!

Llamamos a Ana, una amiga nuestra y anterior compañera de trabajo de Fran; y nos tomamos un cafelito con ella...



Sobre las ocho de la tarde nos fuimos de nuevo al hotel para ducharnos y arreglarnos para ver el espectáculo. Nos dimos una pequeña caminata hasta llegar al teatro Alcalá... la entrada estaba preciosa y nosotros ansiosos por entrar! Bueno todos menos Fran que no estaba muy convencido...

Se apagaron las luces y comenzó el espectáculo!!!!



FUE GENIAL!! INCREIBLE!!! No podría explicarlo con palabras!!! hay que verlo, hasta Fran salió encantado!



A la una de la mañana salimos euforicos del teatro comentando y recordando el espectaculo... Nos comimos un Kebab en el único sitio que estaba abierto y nos fuimos a dormir.

A la mañana siguiente, nos fuimos en metro al rastro; cuando llegamos empezó a chispear, compramos unos paraguas y seguimos caminando y viendo tiendas... La lluvia empezó a ponerse cada vez más violenta, así que decidimos marcharnos.

El regreso fue muy distinto, ya que ibamos reventados! y nos pasamos todo el camino durmiendo; menos el conductor claro...

El animo

Anoche estábamos en un bar llamado “CAFÉ DEL CINE” en Tomares dialogando de tiempos pasados y sobre las vivencias que llevamos recorridas en Jartibles. Hablando de los tiempos difíciles y de los maravillosos momentos que hemos vivido. Desde luego, si los ponemos en una balanza todo es positivo. Jamás entenderé que nos unió ese 21 de enero de 2007 a esas siete personas, aunque tampoco quiero entenderlo. Simplemente es maravilloso. Pues allí estábamos, entre risas, recuerdos y confesando secretos andábamos Ebpam, Oso y yo mismo. Pero no es de esto de lo que me apetecía escribir hoy. Hoy quiero escribir sobre el ánimo y sobre como nos influye en nuestra vida.


Mientras estabámos allí comenzó a llover de manera torrencial. A la hora de marcharnos, seguía la incesante lluvia cayendo sobre todo el aparcamiento del centro comercial donde se encuentra el bar, excepto sobre nuestras monturas que se hallaban resguardadas bajo unas escaleras.

Al volver a casa, recordé los tiempos en que Elo y yo rodábamos todo el día con el scooter de arriba para abajo, hiciera sol o lluvia, frío o calor. Poco nos importaba aquello. Llegábamos empapados a los sitios, y francamente, nos importaba muy poco. Nos hartábamos de reír cuando nos golpeaban las olas que chocaban contra los bloques del campo de sur, en Cádiz, y cuando nos granizaba con el casco abierto puesto y las gafas de sol a media noche. Estábamos donde queríamos y junto a quien queríamos. Todo lo demás, eran condiciones sin valor añadido. Puedo deciros que hemos disfrutado mucho con eso. También es verdad que era nuestro único medio de transporte, aunque eso igual no era la mayor de las excusas.



Pues anoche mismo, al volver, le comenté a Elo que iríamos por un camino menos peligroso. Un poco mas largo, pero con menos badenes y pasos de peatones tan resbaladizos. Realmente lo hacia porque me apetecía rodar un poco con aquel tiempo, aunque si lo decía así podría parecer que ando un poco gripado de la chota.

Tras dar un rodeo enorme para llegar a casa, finalmente arribamos a la puerta de nuestra calle. Bajo una lluvia tremenda, los dos pusimos el pata de cabra a nuestras monturas, cosa que no solemos hacer pues abrimos con el mando sin bajarnos de la moto, empezamos a fliparlo bajo aquella lluvia incesante. Nos empezamos a poner nerviosos contando con mucho entusiasmo lo que habíamos disfrutado en aquella pequeña ruta bajo el azote fustigante de san pedro. Las emociones y lo flipante de la situación.

Creo que ambos recordamos, mientras robamos bajo aquella cortina de agua, nuestros días con el scooter. No sé quien coño dijo que quien olvidas sus recuerdos se olvida a si mismo, pero desde luego quien fuere lleva toda la razón.

A veces las cosas que pueden parecer una locura, nos abren un abanico de bienestar difícil de explicar. Sin duda, solo le encuentro una explicación, el ánimo.

Solo desearos a todos, mucho animo.




Primera salida con nuestra primera moto de más de 49cc

martes, 27 de enero de 2009

Empecemos por nosotros mismos



Hace ya casi seis años que dejé de ver amanecer diariamente en la bahía. Obligado por mis inquietudes y por un irrefrenable deseo de comenzar a desarrollar una vida profesional digna, me vi obligado a renunciar a tus calles, al cariño diario de tu gente, de tus maravillosos rincones, de los comentarios que te transmiten la mejor y mas fuerte de las energías, y donde, sin esperarlo, escuchas cualquier bastinazo que hace troncharte de la risa.
Seis años dan tiempo para hacer muchas cosas, y para perderse otras tantas. Seis años dan para madurar suficientemente, reflexionar profundamente y aprender a ver la realidad desde un prima más crítico y a su vez más tolerante. Da tiempo para conocer a mucha gente y para generar momentos que se convertirán en recuerdos inolvidables. Da tiempo a casarse, comprarse una casa, viajar todo lo que se pueda alrededor del mundo e incluso a hermanar con personas que cambiarán tu vida para siempre.

Recuerdo que cuando me fui a vivir a Paris en 2003, movía cielo y tierra para poder pasar algunas horas de un fin de semana en la tierra que me vio nacer. Me resistía a alejarme de la tacita.



Y es que es harto complicado alejarse de allí. Un sentimiento difícilmente explicable y aun menos comprensible. Bueno, lo de comprensible igual podríamos cuestionarlo un poco mas si pensamos en el pescaito frito, la playa, las noches interminables y frecas del verano en una terraza de playa, los paseos por la playa en invierno, los atardeceres en la caleta y esas noches de plazoleta rodeado de amigos, pipas y alguna que otra cerveza. Es evidente que en Cádiz se sabe sobrevivir. Y lo digo desde el mayor de los pesares. Desde el sentimiento de ver a mucha gente que vive diariamente con lo mínimo, con lo mínimo que se puede despachar en una sociedad capitalista de consumo.

Desde que era pequeño he visto como casi todas las empresas, es mas, polígonos industriales enteros, han ido abandonando nuestra Cuidad. Como los comercios de siempre han ido desapareciendo, a menos que estuviese relacionado con la hostelería, el Cádiz c.f. o con el carnaval. Cádiz se ha convertido ya en una cuidad dormitorio y de veraneo. Nos hemos quedado a merced de turistas de playa, carnavaleros y algún osado visitante cultural que finalmente obtiene lo que no vino buscando, el calor de los gaditanos. Tenemos una ciudad limpia, sin polígonos que las ensucien y sin comercios que generen desechos excesivos. Solo analizándolo así entiendo que llevemos tantos años de gobierno de derecha, donde lo importante sea aparentar lo que no somos, desde la ventana de mirar al mundo con un conformismo penoso respecto a las políticas sociales y a la creación de riquezas.

Siempre vi en mi familia y en mi barrio gente luchadora, trabajadora, currantes buscando un futuro mejor, para sus familias y descendientes. Han trabajado muy duro y parece ser que ese legado se ha esfumado. ¿Dónde están todas las empresas que levantasteis con vuestro sudor? ¿Por qué ese sufrimiento de ver a tus hijos en la obligación de tener que abandonar la cuidad o la provincia para poder vivir?

Creo que es justo decir, por mucho que me duela, que nunca he visto a mis conciudadanos luchar por todas esas pequeñas empresas y comercios como lo han hecho con otras grandes, como Astilleros por ejemplo. Siempre con el derrotismo que nos caracteriza pensando que tal o cual solo quiere forrarse con el negocio y que nosotros, que para chulo nosotros, podemos conseguir lo mismo de estraperlo en cualquier rincón a mitad de precio.

Son estas cosas que me hacen cuestionarme, ¿A donde nos lleva eso? ¿Qué pasa en Cádiz? ¿Por que somos la provincia con más paro de Europa? ¿Por qué siempre ganan los concursos de los chiringos de playa los mismos empresarios (no gaditanos) forrados? ¿Por que somos la única provincia comunicada con la capital mediante peaje? ¿Por qué tenemos una parte de la provincia que se autodenomina la 9ª provincia? ¿Por que tanto malestar entre pueblos tan cercanos?


Quiero no pensar en mafias ni en delincuentes que gobiernen nuestra tierra. Deseo no pensar en políticos que miran hacia otro lado, importándoles bien poco ver como la cuidad mas antigua de occidente se derrumba y agoniza por un quiero y no puedo. Quiero no pensar en muchas cosas, pero no puedo.

Quizás debemos asumir que los políticos siempre estarán ahí para gobernar recordándonos que el despotismo ilustrado sigue vivo, que las mafias permanecerán para distribuir sus productos en la mas sumergida de todas la economías, que las clases altas continuarán manchando sus bolsillos usureros, que los banqueros estarán ahí para ganarse el pan, el vino, el mercedes, el chalet y los 8 pisos gracias a tu trabajo diario y un largo etcétera de personas contra las que será difícil luchar.


Quizás lo que tengamos que cambiar, seamos primero nosotros, ayudando a los emprendedores, o incluso emprendiendo nosotros mismos. Quizás no siempre el empresario es el malo de la película. Quizás sea mas beneficioso para todos comprar en comercios de nuestra cuidad, salir de tapas a diferentes bares y no siempre a los “añejos”. Quizás, y solo quizás, aceptando nuestros defectos, seamos capaces de contemplar nuestras virtudes en un futuro en nuestra ciudad.

Quiero terminar con un mítica frase por todos conocida,

Aquí se puso el Non plus ultra, que traducido resulta, después de Cai, ni hablar!





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miércoles, 21 de enero de 2009

31/07/2008 SEVILLA - DAKAR

Hacía bastante tiempo, que tenía ganas de visitar África. Ya habíamos estado en Marruecos; pero yo quería pasear por el "África Negra". Como en otras ocasiones, habíamos estado buscando billetes, aunque era bastante caros... así que decidimos en el intento.

Cuando piensas en África, te imaginas la sabana africana y piensas Kenia!!; pero un amigo mío que ha viajado por el continente africano, me recomendó que fuera a Senegal, ya que Kenia podría defraudarme bastante.

Por mayo, un día bicheando por la red, Fran encontró unos billetes para Senegal por unos 500€… me llamó y dije: - Cómpralos YA! Durante ese fin de semana, comentamos a nuestros amigos que habíamos comprado un par de billetes y tres amigos decidieron apuntarse a la aventura.

Después de la revisión de las vacunas y preparación de todos los papeles necesarios, un jueves 31 de Julio, hicimos nuestras mochilas y nos fuimos a la estación para coger el Ave dirección a Madrid.



Una vez que llegamos al aeropuerto, teníamos que esperar varias horas hasta que saliera nuestro avión; así que paseamos por la T4, comimos, tomamos unos refrescos, consultábamos la guía para saber más o menos donde nos alojaríamos la primera noche… Tanto tuvimos que esperar, que nos acomodamos y al final tuvimos que correr a lo largo de la terminal porque casi perdemos el avión.



Atravesamos “chancleteando” y cargados con nuestras mochilas, por toda la terminal, hasta que al final llegamos por los pelos, para embarcar.



El viaje fue bastante corto, ya que hacíamos escala en Casablanca (Marruecos); allí teníamos que esperar algunas horas, pero como el movimiento de papeles en Marruecos no es que sea muy rápido que digamos, pasamos casi todo el tiempo de pie en la cola, sellando pasaportes y sacando las tarjetas de embarque para coger el avión que al final nos llevaría hasta nuestro destino; Dakar.

Cuando aterrizamos en el aeropuerto de la capital Senegalesa, era ya de madrugada, todo estaba oscuro y no habíamos cambiado dinero, ni teníamos muy claro a donde acudir.

Una vez que salimos del aeropuerto, el impacto fue brutal! Como siempre nos ha pasado en estos casos, aunque en esta ocasión no sé si era peor aún ya que era de noche, no sabíamos donde estábamos ni a donde íbamos. Como siempre yo llevaba mi pañoleta Scout, (la cual me ha sacado de más de un apuro), creo que tendría que haber una reunión Scout porque en el avión encontramos a varios Scouts de otros países y durante todo el viaje también; justo en la puerta encontramos a un Scout senegales perfectamente uniformado, parecía esperar a alguien… Le dije a Fran que le preguntara donde podíamos cambiar dinero y hacia donde debíamos dirigirnos, ya que no paraban de bombardearnos gritando en francés para que les cambiáramos euros, nos montáramos en sus taxis… etc. De pronto un chico senegales se acercó al joven Scout… yo no tengo ni idea de francés, pero el tono que utilizó con el chico no era muy amigable, así que este desapareció dejándonos de nuevo en la boca del huracán.

Como pudimos nos safamos del tumulto, y nos dirigimos a una casa de cambio que nos había dicho el Scout, antes de que le echaran la bronca…

Evidentemente, eran las 2 o 3 de la mañana, y estaba cerrada, así que volvimos de nuevo al punto de partida. No nos atrevíamos a movernos, ya que el desconcierto de aterrizar de un aeropuerto de un país como este que está en las afueras rodeado de chavolas y gente pidiéndote cosas, te deja paralizado, y más aún en noche cerrada.

Cuando ya no sabíamos que hacer, apareció una chica madrileña que habíamos conocido en Casablanca, la cual iba a visitar a su pareja que era nativo del lugar.

SALVADOS! Juliano, que así se llamaba el novio de la chica, aún no había llegado al aeropuerto para recogerla… durante el viaje te da tiempo de observar el escaso concepto de puntualidad de los Senegaleses; pero bueno, al menos estábamos con una persona que conocía el lugar y además era española; que es algo que se agradece muchísimo cuando estas fuera.

Al cabo de buen rato llegó Juliano; y él se encargó de cambiarnos algo de dinero y de buscarnos un taxi.

Como buenamente podíamos nos hacíamos pasó entre la gente y nos montamos en el taxi esquivando las manos que salían de la nada intentando tocar nuestras mochilas y bolsillos.

Como sardinas en lata, ya que éramos 5, conseguimos montarnos en el taxi y salir del aeropuerto.

El taxista nos llevó al hostal que le había dicho Juliano antes de salir, y a la llegada del mismo intentó sacarnos más dinero del que en un principio habíamos acordado. Yo estaba deseando entrar en el hostal darme una ducha y descansar un poco, así que le dimos un euro más y se fue.

Cuando entramos en el hostal la imagen era dantesca; en el suelo un señor negro mayor dormía a pierna suelta, mientras otro más joven estaba sentado en un vieja silla de madera detrás de un pequeño mostrador abatible, con un panel de madera del que colgaban varias llaves oxidadas. A nuestra izquierda una destartalada escalera se perdía en la oscuridad.

Ya nos habían advertido, que en la capital los hostales son excesivamente caros, ya que sus precios por habitación son superiores a los de cualquier hostal español y las calidades y la higiene son inexistentes; pero como dicen por el lugar “Ces´t la vie”. Así que pagamos 40€ por una habitación con una cama de matrimonio y nos fuimos a descansar.

01/08/2008 DAKAR

Después de dormir escasamente unas tres horas; Fran, Javi y Sensu se levantaron sobre las siete de la mañana para ir al puerto de Dakar.



Queríamos ir a la región de Casamance, y la mejor opción era coger un ferry que durante toda la noche navegaba por el Océano Atlántico por la costa hasta llegar a Zinguinchor. Era un barco de lujo, bueno tampoco es que fuera el Titanic, pero para lo que hay por allí estaba muy nuevo y sobre todo limpio. Para poder coger camarotes con cama había que ir a primera hora si no queríamos pasar 12 horas sentados en una silla; y así fue…

Cuando llegaron con los billetes me levanté y nos sentamos en una de las dos mesas que tenían puestas en un patio interior del hostal para desayunar. Me tomé un pan con mantequilla que me supo a gloria!

Por la mañana y después de nuestra “triunfal llegada”; Javi que tenía el billete de regreso para 4 días antes que nosotros, decidió que quería cambiarlo para volverse con el grupo, estaba incluso dispuesto a pagar el importe del total por solo una vuelta.

Preguntamos por la sucursal de Air Marroc; y nos dirigimos a una plaza muy céntrica donde estaba dicha sucursal. Allí no solo conseguimos que le cambiaran el billete para cuatro días después, totalmente gratis; sino que además nosotros teníamos que hacer de nuevo trasbordo en Casablanca y esperar allí durante unas siete u ocho horas hasta que saliera el avión, y nos dieron unos billetes para embarcar justo después de bajarnos del primer avión; en definitiva todos ganamos un día de viaje!



Nos dirigimos a hacer tiempo mientras esperábamos para poder montarnos por la tarde en el Ferry. Fuimos a tomarnos unos refrescos y a pasear un poco por la ciudad.

Atravesamos por el centro del mercado, y Javi se sintió un poco indispuesto, hasta que vomitó… la verdad es que olor que de allí emanaba era nauseabundo indescriptible e imposible de explicar, solo en un par de minutos caminando por allí es capaz de revolverte el estómago.

Consultamos la guía de viaje y optamos por almorzar en un restaurante típico del lugar con música en directo. Allí probaríamos por primera vez el plato típico senegales, arroz blanco con carne… en otras ocasiones durante el viaje tendremos de comer otro plato típico, que es la carne con arroz; y por la zona de la costa se cambia la carne por pescado.

El sitio, aunque en la guía insistiera en que era un sitio, bastante bueno, era muy cutre, aunque por el aspecto de los comensales se podía ver que no era un restaurante asequible para los lugareños.





Cuando terminamos de comer, nos dirigimos de nuevo al hostal para recoger las mochilas y tomarnos unos refrescos antes de montarnos en el Ferry.



No recuerdo exactamente si teníamos que montarnos en el Ferry sobre las seis de la tarde o siete. Cuando llegamos al puerto, de nuevo ese olor, innumerables colas y gente de todas las edades cortándote el paso para ver que les podías dar.
Con la cabeza baja y sin mirar andábamos deprisa hasta llegar a la entrada y la aduana.



Querían que metiéramos las mochilas en unas jaulas mugrientas que irian a la bodega del barco. Después de la experiencia que tuvimos en Ecuador con las mochilas al meterlas en un sitio como ese me negué en rotundo a meter el equipaje en la bodega, máxime cuando aún nos quedaban quince días de viaje.

Nos salimos de la cola y nos dirigimos directamente a la aduana, intentamos razonar con el militar de la puerta, haciéndole ver que teníamos reservado un camarote completo para nosotros solos, por lo que el equipaje podía viajar con nosotros sin estorbar a nadie. Al final accedió… y menos mal! Porque cuando llegamos al camarote todo estaba novísimo y con unos grandes armarios para poner las mochilas.

Nos instalamos y salimos a la cubierta, donde había una pequeña barrita de bar donde vendían bocadillos y bebidas, mientras sonaba música por los altavoces.





Uno por uno nos fuimos duchando y poniéndonos cómodos para el viaje; y al cabo de unas cuantas horas cuando ya era de noche, parecía que el barco comenzó a moverse, rumbo a Zinguinchor…

Ahora sí que estaba comenzando la aventura!!

02/08/2008 ZINGUINCHOR

Nos despertamos, nos vestimos y nos fuimos al restaurante del Ferry para desayunar; algunos con cara de haber dormido poco, pero con muchas ganas de pisar tierra firme.
Cuando terminamos de desayunar, volvimos a salir a la cubierta y observamos que ya no nos encontrábamos en mar abierto; sino que estábamos atravesando la desembocadura del río Casamance. Ya se veían las orillas y las chabolas de los pescadores de la zona y los pequeños cayucos pescando.



Un gran espectáculo nos estaba esperando; a medida que el barco iba avanzando los delfines se agolpaban a su alrededor, saltando y jugando con el Ferry.



Empezamos a recoger nuestras cosas cuando el barco estaba atracando en el pequeño puerto.

Al fin bajamos! Aquello era otro mundo! Zinguinchor es la capital de la región de Casamance, pero ni por asomo se parece a la capital del pais. No obstante algún que otro se nos acercó para llevarnos en taxi o vendernos algo, aunque aquí todo era más tranquilo. Como vimos en la guía que el hotel a donde íbamos estaba cerca del puerto, decidimos ir a pie.



Después de dar varias vueltas por la misma calle al final encontramos la puerta del Hotel el Lebombolon. Al parecer era un sitio muy frecuentado por turistas, ya que estaba en un buen sitio, tenía unos precios razonables y tenía la única discoteca del lugar.

En Dakar el calor y la humedad eran insoportables; aunque como ya nos habían advertido, nada comparable con el clima de Casamance, especialmente de Zinguinchor, que además era donde más mosquitos había.

Acalorados, sudando, cansados y entusiasmados; encontramos la entrada a nuestro alojamiento.



Era un patio lleno de vegetación, al fondo había una pequeña barbacoa, que hacía las veces de cocina, a ambos lados del patio había unas pequeñas puertas destartaladas que se intuían que eran las habitaciones. A la derecha estaba una pequeña habitación con una barra de bar que parecía que era la recepción.

Después de estar paseando por Dakar y llegar a ese sitio tan tranquilo, parecía que habíamos llegado al Ritz!

Soltamos las mochilas por el suelo, y con una sonrisa de oreja a oreja nos sentamos en la barra y pedimos cualquier bebida que estuviera fría. Detrás de la barra sentada estaba sentada Lea, que ni siquiera sin inmutó cuando llegamos.

Nada más servirnos las bebidas, coronamos el lugar con la bandera Jartible y establecimos así nuestro primer campamento base senegales.



Cuando nos instalamos salimos por el pueblo para buscar un sitio donde comer algo. Nos metimos en uno de los restaurantes más chic de la zona… Dios, el calor era asfixiante, muy poco a poco, nos fuimos adaptando durante el viaje; pero ese primer día fue agobiante.

Nos sentamos en el restaurante debajo de uno de los ventiladores, pero aquello por muchas vueltas que veíamos que daba no llegaba ni una gota de aire; cuando pedíamos las bebidas parecían frías, pero al segundo sorbo ya estaban calientes. Se te quitaban las ganas de comer y de todo…



Volvimos al hotel, para descansar y ver que haríamos al día siguiente… aunque el plan ya nos lo tenían trazado. Cuando llegamos nos esperaba un chico para ofrecernos una excursión en barco; bueno mejor dicho en cayuco, para ver aves.

Decidieron ir a ver las barcas pero cuando llegaron de vuelta estaban un poco desconcertados, cuando me enseñaron las fotos, los comprendí…



Nos sentamos en una mesita en torno a unos refrescos y agua, ya que en Zinguinchor, cualquier paso que des se convierte en todo un esfuerzo. Comenzamos a discutir y a regatear sobre el precio de la excursión y la hora en que quedaríamos al día siguiente.



Cuando todo quedó aclarado nuestro guía se marchó después de dejarnos una fotocopia de su DNI y darnos un apretón de manos.

Estuvimos hablando con Lea, y nos dijo que si animábamos a por la noche ir a la discoteca (que estaba al lado de nuestras habitaciones), con sus amigas. Quedamos en vernos allí por la noche para bailar un poco.

Fuimos a ducharnos y cuando terminamos volvimos a sentarnos en las hamacas del patio y empezamos a pensar en ir a algún sitio a cenar. En la barbacoa había una chica encendiéndola con leña, mientras del techo colgada una pata de una vaca, rodeada de moscas; en ese momento decidimos ir a comer a otro sitio, donde por lo menos no viéramos lo que nos comíamos… “ojos que no ven…” Así que le preguntamos a la “cocinera” donde podíamos ir; ni corta ni perezosa dijo que nos acompañaba, así que comenzamos a seguirla.

Menos mal que nos acompañó; porque el andar a oscuras por esas calles, o mejor dicho carriles, sin una triste farola, casi a tientas… nose donde podíamos haber llegado.
El lugar donde nos llevo a lo que parecía una casa igual que otra, con un gran salón con mesas… La chica, que aunque tuviera un nombre español en este momento no recuerdo como se llamaba, se sentó con nosotros en la misma mesa, nos quedamos un poco extrañados; pero en ese momento comprendimos porque nos había acompañado. Evidentemente, no vamos a ponernos a comer mientras alguien sentado en nuestra mesa nos mira, y los senegaleses se saben esto de memoria, así que la invitamos a cenar.



Al terminar de cenar con el estómago lleno, y viendo la caminata que nos habíamos pegado a la ida, decidimos que por 1,5€ cogeríamos un taxi.



Al llegar todo había cambiado; el pequeño patio tenía muchas mesitas y había mucha gente por allí; sobre todo senegalesas vestidas de postín. Nos dijeron que como esa era la discoteca donde iban los turistas todas las noches aquello se llenaba chicas a la “caza” de los “Tobat”; que significa “blanquito”.

Todos se quedaron mirándonos y nos quedamos un poco intimidados la verdad; aunque al parecer son bastante respetuosos si llevas un anillo de compromiso y más aún si vas acompañado por una chica… y como estaba yo parece que se cortaban bastante.

Al fondo en una mesa vimos a Lea, nos llamó y nos presentó a sus amigas, el único que sabía francés era Fran así que los demás estábamos con cara de poker mirándonos unos a otros. De pronto apareció una mujer con aspecto más mayor acompañada de dos “blanquitas”; eran dos chicas francesas que estaban de voluntarias en el hospital de la ciudad y habían venido acompañadas de su "casera" a bailar un rato; ya que al día siguiente después de seis meses se volvían para Francia.



Al rato como no podíamos entablar conversación alguna, decidimos que seria mejor que nos fuéramos a bailar.

Salimos a la calle, siguiendo a Lea… se puso a hablar con el portero y le dijo que estábamos hospedados en el hotel; porque al parecer los que se hospedan en Lebombolon, tienen acceso gratuito al local por la noche… y allí nos metimos.

Si nos sentimos intimidados cuando llegamos al patio, no os podéis ni imaginar cuando entramos en la discoteca; estaba hasta los topes! Y todo el mundo nos miraba de arriba abajo… las chicas nos llevaron al centro de la pista y así sin más empezaron a bailar; nosotros estábamos un poco cortados.

El calor era asfixiante!! Si en el exterior era insoportable, dentro de un sitio tan cerrado y con tanta gente saltando como posesos, casi no se podía respirar.

Las chicas empezaron a sacarnos a bailar y parece que empezamos a animarnos.



Los chicos senegaleses que estaban en la discoteca no paraban de acercarse al corrillo que teníamos montado, para demostrarnos a las chicas francesas y a mí sus dotes como bailarines, intentando impresionarnos y rozarse lo más posible.

La verdad, es que todo era un poco dantesco, a mi parecer claro; a la música no le encontraba el ritmo por más que lo intentaba y los bailes parecían antiguas danzas tribales en las que los cuerpos se contoneaban sin ton ni son como si todos los huesos de sus cuerpos estuvieran dislocados.
Cuando la “casera” de las chicas francesas, que yo podría decir que tenía alrededor de unos 40 años; comenzó a bailar, nos quedamos todos boquiabiertos! El único de nosotros que consiguió adaptarse fue Javi; que allí en ese lugar con una música sin ritmo y en el que los bailes no tienen ningún sentido, él estaba como pez en el agua.

Era tal el calor, que fuimos a pedir a la barra; las bebidas alcohólicas eran tan caras y tan escasas y con la temperatura del lugar, optamos por pedir botellas de agua. Estas costaban 1€; que teniendo en cuenta el nivel de vida del país, que te cobren por una botella de agua lo mismo que en España pues imaginaros lo desorbitado!... Pero por un euro no íbamos a morir allí de sed.
Cuando terminamos de beber; por supuesto tuvimos que invitar a las chicas; empezamos a comprar botellas para echárnoslas por encima de la cabeza; en ese momento, las chicas y el resto de la discoteca se quedaron asustados; viendo como nos tirábamos por encima casi el sueldo de medio día de trabajo para un senegales.

Ya de madrugada, decidimos que era hora de ir a dormir, porque al día siguiente teníamos que madrugar para hacer la excursión en cayuco.

En definitiva; nuestra primera noche fue muy buena! Un buen ambiente, y reventados de tanto bailar; nos despedimos de todas y nos fuimos a la cama.

martes, 20 de enero de 2009

03/08/2008 ZINGUINCHOR

A la mañana siguiente nos levantamos y ya nuestro guía nos estaba esperando. Pedimos de desayunar y fueron a la panadería a comprar el pan; esto es muy típico en Senegal… el Stock, no existe, allí si quieres algo pues van y lo compran en el momento.

Una vez que terminamos nos dirigimos a una pequeña playita donde la higiene brillaba por su ausencia, daba repelus pasar por allí incluso con el calzado. El guía nos indicó donde teníamos que comprar agua y de pronto un montón de mujeres con los brazos cargados de collares nos abordaron… empezaron a “regalarnos” cosas, a sabiendas que a al final de la tarde volveríamos al mismo lugar y seriamos suyos.



Como buenamente podíamos, nos fuimos subiendo al cayuco; intentando en la medida de lo posible no tocar nada…

En la orilla las mujeres nos despedían y chapurreando algo de español nos advertían de que a la vuelta estarían allí esperándonos; total no tienen otra cosa que hacer.



Íbamos a visitar la isla de los pájaros. Al principio estábamos muy entusiasmados, y todo era porque aún no sabíamos muy bien lo que nos esperaba…

El cayuco comenzó a andar por la costa y veíamos pasar los paisajes, los “astilleros” donde se construían los cayucos para ir a España, la vegetación… pero cuando ya llevábamos media hora sentados en un palo con el sol castigándote la cabeza y casi sin poder moverte, porque la barcaza volcaba, empezamos a cansarnos.



Después de algunas horas, el “capitán” nos advirtió que nos estábamos aproximando a la isla de los pájaros; nos sentimos muy aliviados, porque al fin podríamos estirar un poco las piernas. Pero más grande fue nuestra decepción, cuando resultó que la isla en cuestión carecía de tierra firme; era un inmenso manglar que se posaba sobre el agua. Se veía como las raíces salían del agua, pero no se veía nada de tierra. Sobre los innumerables matorrales que emergían del agua salada, millones de pájaros de las formas más extrañas hacían sus nidos; sin percatarse de nuestra presencia, o tal vez es que ya estaban muy acostumbrados a ver a los tobats, paseando por allí en las barquitas con cara de estreñidos.









Seguimos paseando en el cayuco y después de un rato, parecía que nos aproximábamos a una pequeña playita que se ocultaba entre el follaje. Nos quedamos boquiabiertos cuando vimos amarrados unos yates impresionantes. En medio de la nada, encontramos una islita con casas típicas en cuya playa había unos barcos carísimos, era un poco paradójico.

Al fin bajamos como pudimos y estiramos las piernas!



La isla era encantadora! Estaba todo lleno de verde, hierba fresca; por entre la cual se abrían caminos de una tierra blanquecina que conducía a cada una de las casitas con el techo de paja del poblado.



Como en toda la región, el calor era sofocante y después de tantas horas subidos en el cayuco estábamos destrozados y muy acalorados; pero incluso allí, había una gran nevera con refrescos y cerveza para los turistas.



Después de tomar algo, volvimos a montarnos en nuestro cayuco, un poco con los dientes largos, porque nos acomodábamos como podíamos en las tablas de la barcaza mientras a nuestro lado veíamos esos impresionantes yates.

Ahora poníamos rumbo a la isla de Affiniam; donde se supone íbamos a almorzar.



De nuevo más agua e inmensos manglares, a través de los que pasábamos despacio.
El espacio del agua empezó a ensancharse, habíamos pasado al mar; ahora las olas movían a su antojo la barquita como si fuera una pajita en un cubo. Divisamos esta vez una gran playa desierta con solo una casetilla de adobe medio derruida que ponía: “Affiniam Bon Voyage”.
Aquello al parecer era el puerto, o el embarcadero… en definitiva el lugar donde nos bajaríamos.

De la playa salía un camino de tierra que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. El guía nos dijo, que al final del camino estaba el “restaurante” donde íbamos a almorzar. Nos miramos un poco confusos, desorientados e incrédulos; como iba a haber un restaurante allí!! En medio de la nada!? Si aquella isla parecía totalmente desierta, típica de las escenas de la serie “perdidos”…



Estábamos demasiado cansados y hambrientos como para cuestionar la existencia de “vida” en aquel lugar; así que nos pusimos a andar siguiente el angosto camino.

La casucha se iba alejando cada vez más; y nos aproximábamos a lo que parecía una frondosa selva.



A nuestro paso, al lado del camino la arena de playa se iba convirtiendo en campos verdes de arrozares; aquello por un momento me recordó a nuestros paseos por los grandes campos de arroz de Thailandia.
Al final, el paseo nos resultó bastante agradable… Nos dio tiempo de charlar, pasear incluso corretear detrás de la inmensa alfombra de cangrejos que avanzaba de forma despavorida a nuestro paso.



Cuando atravesamos la línea de vegetación que en principio se veía a lo lejos; divisamos una gran casa con el techo de paja, vimos gallinas y vacas y parecía que era cierto que allí existiera vida.



Entramos en el campamento Diaméor Diamé; era una gran construcción de adobe en círculo, cuyo centro estaba descubierto… Todo alrededor del patio, estaba salteado de pequeñas puertas de madera que daban paso a pequeñas habitaciones con una o dos camas cada una.



Entramos luego en el comedor del campamento. Era un salón bastante grande, decorado con pintadas que parecían hechas por unos niños de primaria; las pinturas representaban escenas típicas de la zona como hombres pescando y mujeres cultivando.

Tenían una mesa preparada esperándonos… y al fondo había otra mesa en la que se estaban sentados varios hombres y mujeres del campamento.
Como ya sabían de nuestra llegada todo estaba preparado y no tuvimos que esperar a que los cocineros fueran a hacer la compra y cocinar.

De primero, nos pusieron una pequeña ensalada servida en un plato de estos que se ponen debajo de la taza de café, con algunas hojas de lechuga, y un cuarto de huevo duro para cada uno… Aquello me supo a gloria, aunque bastante cortito de cantidad; sobre todo lo digo porque de segundo había el plato típico senegales; arroz con pescado, y teniendo en cuenta que no me gusta el pescado, me tuve que conformar con saborear el cuarto de huevo duro que me había comido hacía escasos cinco minutos.



De postre trajeron en una canasta de mimbre, unas “bolitas” blancas que no sabíamos lo que eran hasta que las probamos, eran pequeñas naranjitas que parecían deshidratadas, de ahí su tamaño y su escasez de jugo.

Cuando acabamos, vinieron a retirarnos los platos; mi segundo estaba intacto… así que ni corta ni perezosa la chica que nos atendía lo cogió y volcó su contenido en una fuente de la que estaban comiendo en la otra mesa las personas del campamento.

Reposamos un poco la comida y decidimos ir a dar un paseo por el poblado. Aquello parecía sacado de una escena de la “Tierra Media”, y que en breve los hobbies saldrían a limpiar las puertas de sus casitas. Así como pequeños hobbies, nos sentíamos nosotros al pasar junto a los enormes baobats, que surgían imponentes de entre la frondosa vegetación.



Paseamos por el poblado mientras el guía nos iba explicando un poco, como era aquello… Junto al camino había una pequeña casita que resultó ser una especie de ultramarinos; entramos y compramos unas cuantas bolsas de caramelos.

Encontramos que estaban construyendo un edificio de ladrillos, nos explicaron que era una escuela y a la puerta de la misma había otro pequeño edificio con algunas duchas públicas; un gran cartel anunciaba que todo aquello estaba siendo construido por una ONG española.

En la verde hierba un grupo de chicos jugaban al futbol; y al vernos se dirigieron corriendo hacia nosotros para que le diéramos caramelos.



Nos dijeron que no los diéramos todos que había mucha más gente… y así fue! Como si lo hubieran anunciado en la televisión local, salían niños de todas las edades y algunos adultos para que le diéramos dulces.

El guía se detuvo a charlar con una mujer que iba acompañada de una joven, que tenía bastante mala cara. Le preguntábamos que le pasaba, y nos dijo que había pasado muy mala noche, porque hacía algunos días que tenía un dolor de cabeza espantoso.
Recordé, que en Zinguinchor, Manolo había comprado paracetamol y se lo ofrecimos a la chica que parece que le agradó bastante el ofrecimiento; ya luego a la vuelta compraríamos nosotros más.



Continuará...