Nos despertamos, nos vestimos y nos fuimos al restaurante del Ferry para desayunar; algunos con cara de haber dormido poco, pero con muchas ganas de pisar tierra firme.
Cuando terminamos de desayunar, volvimos a salir a la cubierta y observamos que ya no nos encontrábamos en mar abierto; sino que estábamos atravesando la desembocadura del río Casamance. Ya se veían las orillas y las chabolas de los pescadores de la zona y los pequeños cayucos pescando.

Un gran espectáculo nos estaba esperando; a medida que el barco iba avanzando los delfines se agolpaban a su alrededor, saltando y jugando con el Ferry.
Empezamos a recoger nuestras cosas cuando el barco estaba atracando en el pequeño puerto.
Al fin bajamos! Aquello era otro mundo! Zinguinchor es la capital de la región de Casamance, pero ni por asomo se parece a la capital del pais. No obstante algún que otro se nos acercó para llevarnos en taxi o vendernos algo, aunque aquí todo era más tranquilo. Como vimos en la guía que el hotel a donde íbamos estaba cerca del puerto, decidimos ir a pie.

Después de dar varias vueltas por la misma calle al final encontramos la puerta del Hotel el Lebombolon. Al parecer era un sitio muy frecuentado por turistas, ya que estaba en un buen sitio, tenía unos precios razonables y tenía la única discoteca del lugar.
En Dakar el calor y la humedad eran insoportables; aunque como ya nos habían advertido, nada comparable con el clima de Casamance, especialmente de Zinguinchor, que además era donde más mosquitos había.
Acalorados, sudando, cansados y entusiasmados; encontramos la entrada a nuestro alojamiento.

Era un patio lleno de vegetación, al fondo había una pequeña barbacoa, que hacía las veces de cocina, a ambos lados del patio había unas pequeñas puertas destartaladas que se intuían que eran las habitaciones. A la derecha estaba una pequeña habitación con una barra de bar que parecía que era la recepción.
Después de estar paseando por Dakar y llegar a ese sitio tan tranquilo, parecía que habíamos llegado al Ritz!
Soltamos las mochilas por el suelo, y con una sonrisa de oreja a oreja nos sentamos en la barra y pedimos cualquier bebida que estuviera fría. Detrás de la barra sentada estaba sentada Lea, que ni siquiera sin inmutó cuando llegamos.
Nada más servirnos las bebidas, coronamos el lugar con la bandera Jartible y establecimos así nuestro primer campamento base senegales.

Cuando nos instalamos salimos por el pueblo para buscar un sitio donde comer algo. Nos metimos en uno de los restaurantes más chic de la zona… Dios, el calor era asfixiante, muy poco a poco, nos fuimos adaptando durante el viaje; pero ese primer día fue agobiante.
Nos sentamos en el restaurante debajo de uno de los ventiladores, pero aquello por muchas vueltas que veíamos que daba no llegaba ni una gota de aire; cuando pedíamos las bebidas parecían frías, pero al segundo sorbo ya estaban calientes. Se te quitaban las ganas de comer y de todo…

Volvimos al hotel, para descansar y ver que haríamos al día siguiente… aunque el plan ya nos lo tenían trazado. Cuando llegamos nos esperaba un chico para ofrecernos una excursión en barco; bueno mejor dicho en cayuco, para ver aves.
Decidieron ir a ver las barcas pero cuando llegaron de vuelta estaban un poco desconcertados, cuando me enseñaron las fotos, los comprendí…

Nos sentamos en una mesita en torno a unos refrescos y agua, ya que en Zinguinchor, cualquier paso que des se convierte en todo un esfuerzo. Comenzamos a discutir y a regatear sobre el precio de la excursión y la hora en que quedaríamos al día siguiente.

Cuando todo quedó aclarado nuestro guía se marchó después de dejarnos una fotocopia de su DNI y darnos un apretón de manos.
Estuvimos hablando con Lea, y nos dijo que si animábamos a por la noche ir a la discoteca (que estaba al lado de nuestras habitaciones), con sus amigas. Quedamos en vernos allí por la noche para bailar un poco.
Fuimos a ducharnos y cuando terminamos volvimos a sentarnos en las hamacas del patio y empezamos a pensar en ir a algún sitio a cenar. En la barbacoa había una chica encendiéndola con leña, mientras del techo colgada una pata de una vaca, rodeada de moscas; en ese momento decidimos ir a comer a otro sitio, donde por lo menos no viéramos lo que nos comíamos… “ojos que no ven…” Así que le preguntamos a la “cocinera” donde podíamos ir; ni corta ni perezosa dijo que nos acompañaba, así que comenzamos a seguirla.
Menos mal que nos acompañó; porque el andar a oscuras por esas calles, o mejor dicho carriles, sin una triste farola, casi a tientas… nose donde podíamos haber llegado.
El lugar donde nos llevo a lo que parecía una casa igual que otra, con un gran salón con mesas… La chica, que aunque tuviera un nombre español en este momento no recuerdo como se llamaba, se sentó con nosotros en la misma mesa, nos quedamos un poco extrañados; pero en ese momento comprendimos porque nos había acompañado. Evidentemente, no vamos a ponernos a comer mientras alguien sentado en nuestra mesa nos mira, y los senegaleses se saben esto de memoria, así que la invitamos a cenar.

Al terminar de cenar con el estómago lleno, y viendo la caminata que nos habíamos pegado a la ida, decidimos que por 1,5€ cogeríamos un taxi.

Al llegar todo había cambiado; el pequeño patio tenía muchas mesitas y había mucha gente por allí; sobre todo senegalesas vestidas de postín. Nos dijeron que como esa era la discoteca donde iban los turistas todas las noches aquello se llenaba chicas a la “caza” de los “Tobat”; que significa “blanquito”.
Todos se quedaron mirándonos y nos quedamos un poco intimidados la verdad; aunque al parecer son bastante respetuosos si llevas un anillo de compromiso y más aún si vas acompañado por una chica… y como estaba yo parece que se cortaban bastante.
Al fondo en una mesa vimos a Lea, nos llamó y nos presentó a sus amigas, el único que sabía francés era Fran así que los demás estábamos con cara de poker mirándonos unos a otros. De pronto apareció una mujer con aspecto más mayor acompañada de dos “blanquitas”; eran dos chicas francesas que estaban de voluntarias en el hospital de la ciudad y habían venido acompañadas de su "casera" a bailar un rato; ya que al día siguiente después de seis meses se volvían para Francia.

Al rato como no podíamos entablar conversación alguna, decidimos que seria mejor que nos fuéramos a bailar.
Salimos a la calle, siguiendo a Lea… se puso a hablar con el portero y le dijo que estábamos hospedados en el hotel; porque al parecer los que se hospedan en Lebombolon, tienen acceso gratuito al local por la noche… y allí nos metimos.
Si nos sentimos intimidados cuando llegamos al patio, no os podéis ni imaginar cuando entramos en la discoteca; estaba hasta los topes! Y todo el mundo nos miraba de arriba abajo… las chicas nos llevaron al centro de la pista y así sin más empezaron a bailar; nosotros estábamos un poco cortados.
El calor era asfixiante!! Si en el exterior era insoportable, dentro de un sitio tan cerrado y con tanta gente saltando como posesos, casi no se podía respirar.
Las chicas empezaron a sacarnos a bailar y parece que empezamos a animarnos.

Los chicos senegaleses que estaban en la discoteca no paraban de acercarse al corrillo que teníamos montado, para demostrarnos a las chicas francesas y a mí sus dotes como bailarines, intentando impresionarnos y rozarse lo más posible.
La verdad, es que todo era un poco dantesco, a mi parecer claro; a la música no le encontraba el ritmo por más que lo intentaba y los bailes parecían antiguas danzas tribales en las que los cuerpos se contoneaban sin ton ni son como si todos los huesos de sus cuerpos estuvieran dislocados.
Cuando la “casera” de las chicas francesas, que yo podría decir que tenía alrededor de unos 40 años; comenzó a bailar, nos quedamos todos boquiabiertos! El único de nosotros que consiguió adaptarse fue Javi; que allí en ese lugar con una música sin ritmo y en el que los bailes no tienen ningún sentido, él estaba como pez en el agua.
Era tal el calor, que fuimos a pedir a la barra; las bebidas alcohólicas eran tan caras y tan escasas y con la temperatura del lugar, optamos por pedir botellas de agua. Estas costaban 1€; que teniendo en cuenta el nivel de vida del país, que te cobren por una botella de agua lo mismo que en España pues imaginaros lo desorbitado!... Pero por un euro no íbamos a morir allí de sed.
Cuando terminamos de beber; por supuesto tuvimos que invitar a las chicas; empezamos a comprar botellas para echárnoslas por encima de la cabeza; en ese momento, las chicas y el resto de la discoteca se quedaron asustados; viendo como nos tirábamos por encima casi el sueldo de medio día de trabajo para un senegales.
Ya de madrugada, decidimos que era hora de ir a dormir, porque al día siguiente teníamos que madrugar para hacer la excursión en cayuco.
En definitiva; nuestra primera noche fue muy buena! Un buen ambiente, y reventados de tanto bailar; nos despedimos de todas y nos fuimos a la cama.