miércoles, 21 de enero de 2009

31/07/2008 SEVILLA - DAKAR

Hacía bastante tiempo, que tenía ganas de visitar África. Ya habíamos estado en Marruecos; pero yo quería pasear por el "África Negra". Como en otras ocasiones, habíamos estado buscando billetes, aunque era bastante caros... así que decidimos en el intento.

Cuando piensas en África, te imaginas la sabana africana y piensas Kenia!!; pero un amigo mío que ha viajado por el continente africano, me recomendó que fuera a Senegal, ya que Kenia podría defraudarme bastante.

Por mayo, un día bicheando por la red, Fran encontró unos billetes para Senegal por unos 500€… me llamó y dije: - Cómpralos YA! Durante ese fin de semana, comentamos a nuestros amigos que habíamos comprado un par de billetes y tres amigos decidieron apuntarse a la aventura.

Después de la revisión de las vacunas y preparación de todos los papeles necesarios, un jueves 31 de Julio, hicimos nuestras mochilas y nos fuimos a la estación para coger el Ave dirección a Madrid.



Una vez que llegamos al aeropuerto, teníamos que esperar varias horas hasta que saliera nuestro avión; así que paseamos por la T4, comimos, tomamos unos refrescos, consultábamos la guía para saber más o menos donde nos alojaríamos la primera noche… Tanto tuvimos que esperar, que nos acomodamos y al final tuvimos que correr a lo largo de la terminal porque casi perdemos el avión.



Atravesamos “chancleteando” y cargados con nuestras mochilas, por toda la terminal, hasta que al final llegamos por los pelos, para embarcar.



El viaje fue bastante corto, ya que hacíamos escala en Casablanca (Marruecos); allí teníamos que esperar algunas horas, pero como el movimiento de papeles en Marruecos no es que sea muy rápido que digamos, pasamos casi todo el tiempo de pie en la cola, sellando pasaportes y sacando las tarjetas de embarque para coger el avión que al final nos llevaría hasta nuestro destino; Dakar.

Cuando aterrizamos en el aeropuerto de la capital Senegalesa, era ya de madrugada, todo estaba oscuro y no habíamos cambiado dinero, ni teníamos muy claro a donde acudir.

Una vez que salimos del aeropuerto, el impacto fue brutal! Como siempre nos ha pasado en estos casos, aunque en esta ocasión no sé si era peor aún ya que era de noche, no sabíamos donde estábamos ni a donde íbamos. Como siempre yo llevaba mi pañoleta Scout, (la cual me ha sacado de más de un apuro), creo que tendría que haber una reunión Scout porque en el avión encontramos a varios Scouts de otros países y durante todo el viaje también; justo en la puerta encontramos a un Scout senegales perfectamente uniformado, parecía esperar a alguien… Le dije a Fran que le preguntara donde podíamos cambiar dinero y hacia donde debíamos dirigirnos, ya que no paraban de bombardearnos gritando en francés para que les cambiáramos euros, nos montáramos en sus taxis… etc. De pronto un chico senegales se acercó al joven Scout… yo no tengo ni idea de francés, pero el tono que utilizó con el chico no era muy amigable, así que este desapareció dejándonos de nuevo en la boca del huracán.

Como pudimos nos safamos del tumulto, y nos dirigimos a una casa de cambio que nos había dicho el Scout, antes de que le echaran la bronca…

Evidentemente, eran las 2 o 3 de la mañana, y estaba cerrada, así que volvimos de nuevo al punto de partida. No nos atrevíamos a movernos, ya que el desconcierto de aterrizar de un aeropuerto de un país como este que está en las afueras rodeado de chavolas y gente pidiéndote cosas, te deja paralizado, y más aún en noche cerrada.

Cuando ya no sabíamos que hacer, apareció una chica madrileña que habíamos conocido en Casablanca, la cual iba a visitar a su pareja que era nativo del lugar.

SALVADOS! Juliano, que así se llamaba el novio de la chica, aún no había llegado al aeropuerto para recogerla… durante el viaje te da tiempo de observar el escaso concepto de puntualidad de los Senegaleses; pero bueno, al menos estábamos con una persona que conocía el lugar y además era española; que es algo que se agradece muchísimo cuando estas fuera.

Al cabo de buen rato llegó Juliano; y él se encargó de cambiarnos algo de dinero y de buscarnos un taxi.

Como buenamente podíamos nos hacíamos pasó entre la gente y nos montamos en el taxi esquivando las manos que salían de la nada intentando tocar nuestras mochilas y bolsillos.

Como sardinas en lata, ya que éramos 5, conseguimos montarnos en el taxi y salir del aeropuerto.

El taxista nos llevó al hostal que le había dicho Juliano antes de salir, y a la llegada del mismo intentó sacarnos más dinero del que en un principio habíamos acordado. Yo estaba deseando entrar en el hostal darme una ducha y descansar un poco, así que le dimos un euro más y se fue.

Cuando entramos en el hostal la imagen era dantesca; en el suelo un señor negro mayor dormía a pierna suelta, mientras otro más joven estaba sentado en un vieja silla de madera detrás de un pequeño mostrador abatible, con un panel de madera del que colgaban varias llaves oxidadas. A nuestra izquierda una destartalada escalera se perdía en la oscuridad.

Ya nos habían advertido, que en la capital los hostales son excesivamente caros, ya que sus precios por habitación son superiores a los de cualquier hostal español y las calidades y la higiene son inexistentes; pero como dicen por el lugar “Ces´t la vie”. Así que pagamos 40€ por una habitación con una cama de matrimonio y nos fuimos a descansar.

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