
Queríamos ir a la región de Casamance, y la mejor opción era coger un ferry que durante toda la noche navegaba por el Océano Atlántico por la costa hasta llegar a Zinguinchor. Era un barco de lujo, bueno tampoco es que fuera el Titanic, pero para lo que hay por allí estaba muy nuevo y sobre todo limpio. Para poder coger camarotes con cama había que ir a primera hora si no queríamos pasar 12 horas sentados en una silla; y así fue…
Cuando llegaron con los billetes me levanté y nos sentamos en una de las dos mesas que tenían puestas en un patio interior del hostal para desayunar. Me tomé un pan con mantequilla que me supo a gloria!
Por la mañana y después de nuestra “triunfal llegada”; Javi que tenía el billete de regreso para 4 días antes que nosotros, decidió que quería cambiarlo para volverse con el grupo, estaba incluso dispuesto a pagar el importe del total por solo una vuelta.
Preguntamos por la sucursal de Air Marroc; y nos dirigimos a una plaza muy céntrica donde estaba dicha sucursal. Allí no solo conseguimos que le cambiaran el billete para cuatro días después, totalmente gratis; sino que además nosotros teníamos que hacer de nuevo trasbordo en Casablanca y esperar allí durante unas siete u ocho horas hasta que saliera el avión, y nos dieron unos billetes para embarcar justo después de bajarnos del primer avión; en definitiva todos ganamos un día de viaje!

Nos dirigimos a hacer tiempo mientras esperábamos para poder montarnos por la tarde en el Ferry. Fuimos a tomarnos unos refrescos y a pasear un poco por la ciudad.
Atravesamos por el centro del mercado, y Javi se sintió un poco indispuesto, hasta que vomitó… la verdad es que olor que de allí emanaba era nauseabundo indescriptible e imposible de explicar, solo en un par de minutos caminando por allí es capaz de revolverte el estómago.
Consultamos la guía de viaje y optamos por almorzar en un restaurante típico del lugar con música en directo. Allí probaríamos por primera vez el plato típico senegales, arroz blanco con carne… en otras ocasiones durante el viaje tendremos de comer otro plato típico, que es la carne con arroz; y por la zona de la costa se cambia la carne por pescado.
El sitio, aunque en la guía insistiera en que era un sitio, bastante bueno, era muy cutre, aunque por el aspecto de los comensales se podía ver que no era un restaurante asequible para los lugareños.


Cuando terminamos de comer, nos dirigimos de nuevo al hostal para recoger las mochilas y tomarnos unos refrescos antes de montarnos en el Ferry.

No recuerdo exactamente si teníamos que montarnos en el Ferry sobre las seis de la tarde o siete. Cuando llegamos al puerto, de nuevo ese olor, innumerables colas y gente de todas las edades cortándote el paso para ver que les podías dar.
Con la cabeza baja y sin mirar andábamos deprisa hasta llegar a la entrada y la aduana.

Querían que metiéramos las mochilas en unas jaulas mugrientas que irian a la bodega del barco. Después de la experiencia que tuvimos en Ecuador con las mochilas al meterlas en un sitio como ese me negué en rotundo a meter el equipaje en la bodega, máxime cuando aún nos quedaban quince días de viaje.
Nos salimos de la cola y nos dirigimos directamente a la aduana, intentamos razonar con el militar de la puerta, haciéndole ver que teníamos reservado un camarote completo para nosotros solos, por lo que el equipaje podía viajar con nosotros sin estorbar a nadie. Al final accedió… y menos mal! Porque cuando llegamos al camarote todo estaba novísimo y con unos grandes armarios para poner las mochilas.
Nos instalamos y salimos a la cubierta, donde había una pequeña barrita de bar donde vendían bocadillos y bebidas, mientras sonaba música por los altavoces.

Uno por uno nos fuimos duchando y poniéndonos cómodos para el viaje; y al cabo de unas cuantas horas cuando ya era de noche, parecía que el barco comenzó a moverse, rumbo a Zinguinchor…
Ahora sí que estaba comenzando la aventura!!
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