Hace ya casi seis años que dejé de ver amanecer diariamente en la bahía. Obligado por mis inquietudes y por un irrefrenable deseo de comenzar a desarrollar una vida profesional digna, me vi obligado a renunciar a tus calles, al cariño diario de tu gente, de tus maravillosos rincones, de los comentarios que te transmiten la mejor y mas fuerte de las energías, y donde, sin esperarlo, escuchas cualquier bastinazo que hace troncharte de la risa.
Seis años dan tiempo para hacer muchas cosas, y para perderse otras tantas. Seis años dan para madurar suficientemente, reflexionar profundamente y aprender a ver la realidad desde un prima más crítico y a su vez más tolerante. Da tiempo para conocer a mucha gente y para generar momentos que se convertirán en recuerdos inolvidables. Da tiempo a casarse, comprarse una casa, viajar todo lo que se pueda alrededor del mundo e incluso a hermanar con personas que cambiarán tu vida para siempre.
Recuerdo que cuando me fui a vivir a Paris en 2003, movía cielo y tierra para poder pasar algunas horas de un fin de semana en la tierra que me vio nacer. Me resistía a alejarme de la tacita.
Y es que es harto complicado alejarse de allí. Un sentimiento difícilmente explicable y aun menos comprensible. Bueno, lo de comprensible igual podríamos cuestionarlo un poco mas si pensamos en el pescaito frito, la playa, las noches interminables y frecas del verano en una terraza de playa, los paseos por la playa en invierno, los atardeceres en la caleta y esas noches de plazoleta rodeado de amigos, pipas y alguna que otra cerveza. Es evidente que en Cádiz se sabe sobrevivir. Y lo digo desde el mayor de los pesares. Desde el sentimiento de ver a mucha gente que vive diariamente con lo mínimo, con lo mínimo que se puede despachar en una sociedad capitalista de consumo.
Desde que era pequeño he visto como casi todas las empresas, es mas, polígonos industriales enteros, han ido abandonando nuestra Cuidad. Como los comercios de siempre han ido desapareciendo, a menos que estuviese relacionado con la hostelería, el Cádiz c.f. o con el carnaval. Cádiz se ha convertido ya en una cuidad dormitorio y de veraneo. Nos hemos quedado a merced de turistas de playa, carnavaleros y algún osado visitante cultural que finalmente obtiene lo que no vino buscando, el calor de los gaditanos. Tenemos una ciudad limpia, sin polígonos que las ensucien y sin comercios que generen desechos excesivos. Solo analizándolo así entiendo que llevemos tantos años de gobierno de derecha, donde lo importante sea aparentar lo que no somos, desde la ventana de mirar al mundo con un conformismo penoso respecto a las políticas sociales y a la creación de riquezas.
Siempre vi en mi familia y en mi barrio gente luchadora, trabajadora, currantes buscando un futuro mejor, para sus familias y descendientes. Han trabajado muy duro y parece ser que ese legado se ha esfumado. ¿Dónde están todas las empresas que levantasteis con vuestro sudor? ¿Por qué ese sufrimiento de ver a tus hijos en la obligación de tener que abandonar la cuidad o la provincia para poder vivir?
Creo que es justo decir, por mucho que me duela, que nunca he visto a mis conciudadanos luchar por todas esas pequeñas empresas y comercios como lo han hecho con otras grandes, como Astilleros por ejemplo. Siempre con el derrotismo que nos caracteriza pensando que tal o cual solo quiere forrarse con el negocio y que nosotros, que para chulo nosotros, podemos conseguir lo mismo de estraperlo en cualquier rincón a mitad de precio.
Son estas cosas que me hacen cuestionarme, ¿A donde nos lleva eso? ¿Qué pasa en Cádiz? ¿Por que somos la provincia con más paro de Europa? ¿Por qué siempre ganan los concursos de los chiringos de playa los mismos empresarios (no gaditanos) forrados? ¿Por que somos la única provincia comunicada con la capital mediante peaje? ¿Por qué tenemos una parte de la provincia que se autodenomina la 9ª provincia? ¿Por que tanto malestar entre pueblos tan cercanos?
Quiero no pensar en mafias ni en delincuentes que gobiernen nuestra tierra. Deseo no pensar en políticos que miran hacia otro lado, importándoles bien poco ver como la cuidad mas antigua de occidente se derrumba y agoniza por un quiero y no puedo. Quiero no pensar en muchas cosas, pero no puedo.
Quizás debemos asumir que los políticos siempre estarán ahí para gobernar recordándonos que el despotismo ilustrado sigue vivo, que las mafias permanecerán para distribuir sus productos en la mas sumergida de todas la economías, que las clases altas continuarán manchando sus bolsillos usureros, que los banqueros estarán ahí para ganarse el pan, el vino, el mercedes, el chalet y los 8 pisos gracias a tu trabajo diario y un largo etcétera de personas contra las que será difícil luchar.
Quizás lo que tengamos que cambiar, seamos primero nosotros, ayudando a los emprendedores, o incluso emprendiendo nosotros mismos. Quizás no siempre el empresario es el malo de la película. Quizás sea mas beneficioso para todos comprar en comercios de nuestra cuidad, salir de tapas a diferentes bares y no siempre a los “añejos”. Quizás, y solo quizás, aceptando nuestros defectos, seamos capaces de contemplar nuestras virtudes en un futuro en nuestra ciudad.
Quiero terminar con un mítica frase por todos conocida,
Aquí se puso el Non plus ultra, que traducido resulta, después de Cai, ni hablar!

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