Anoche estábamos en un bar llamado “CAFÉ DEL CINE” en Tomares dialogando de tiempos pasados y sobre las vivencias que llevamos recorridas en Jartibles. Hablando de los tiempos difíciles y de los maravillosos momentos que hemos vivido. Desde luego, si los ponemos en una balanza todo es positivo. Jamás entenderé que nos unió ese 21 de enero de
Mientras estabámos allí comenzó a llover de manera torrencial. A la hora de marcharnos, seguía la incesante lluvia cayendo sobre todo el aparcamiento del centro comercial donde se encuentra el bar, excepto sobre nuestras monturas que se hallaban resguardadas bajo unas escaleras.
Al volver a casa, recordé los tiempos en que Elo y yo rodábamos todo el día con el scooter de arriba para abajo, hiciera sol o lluvia, frío o calor. Poco nos importaba aquello. Llegábamos empapados a los sitios, y francamente, nos importaba muy poco. Nos hartábamos de reír cuando nos golpeaban las olas que chocaban contra los bloques del campo de sur, en Cádiz, y cuando nos granizaba con el casco abierto puesto y las gafas de sol a media noche. Estábamos donde queríamos y junto a quien queríamos. Todo lo demás, eran condiciones sin valor añadido. Puedo deciros que hemos disfrutado mucho con eso. También es verdad que era nuestro único medio de transporte, aunque eso igual no era la mayor de las excusas.
Pues anoche mismo, al volver, le comenté a Elo que iríamos por un camino menos peligroso. Un poco mas largo, pero con menos badenes y pasos de peatones tan resbaladizos. Realmente lo hacia porque me apetecía rodar un poco con aquel tiempo, aunque si lo decía así podría parecer que ando un poco gripado de la chota.
Tras dar un rodeo enorme para llegar a casa, finalmente arribamos a la puerta de nuestra calle. Bajo una lluvia tremenda, los dos pusimos el pata de cabra a nuestras monturas, cosa que no solemos hacer pues abrimos con el mando sin bajarnos de la moto, empezamos a fliparlo bajo aquella lluvia incesante. Nos empezamos a poner nerviosos contando con mucho entusiasmo lo que habíamos disfrutado en aquella pequeña ruta bajo el azote fustigante de san pedro. Las emociones y lo flipante de la situación.
Creo que ambos recordamos, mientras robamos bajo aquella cortina de agua, nuestros días con el scooter. No sé quien coño dijo que quien olvidas sus recuerdos se olvida a si mismo, pero desde luego quien fuere lleva toda la razón.
A veces las cosas que pueden parecer una locura, nos abren un abanico de bienestar difícil de explicar. Sin duda, solo le encuentro una explicación, el ánimo.
Solo desearos a todos, mucho animo.
Primera salida con nuestra primera moto de más de 49cc
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