El trayecto hubiese sido muy desagradable por lo sucio que estaba el autobús, si no hubiese sido por la mierda que ya acumulábamos en nuestra ropa. Esto nos permitió tirarnos en esos mugrientos asientos y dormir cual osos invernando.
Llegamos a Xaoen. La primera impresión no fue buena, aunque cambió radicalmente a las horas de estar paseando por allí.
Genial, simplemente genial! Xaoen es una cuidad que nos tiene maravillados, nos encanta sus gentes y la tranquilidad con la que se afrontan las cosas. Es muy parecido al ritmo de vida que tanto nos encanta de la sierra de Cádiz, aunque con un pequeño charco llamado Mediterráneo que los separa. En cualquier caso, 800 años de convivencia dejan un legado cultural difícil de olvidar.

Llegados a Xaoen, la cuidad azul que esta hermanda con Vejer de la Frontera (Cádiz), nos instalamos en el hotel GOA, recomendado por nuestro amigo Hicham. Hotel Goa es una casa de una suiza instalada alli y que se encuentra a las puertas de la Medina. El ambiente es pausado y muy familiar. La verdad es que fue todo un acierto quedarnos allí. Allí, la regenta de la casa, Valerie, nos prepara cada mañana el desayuno, nos sirve el té, nos pasamos largas horas charlando sobre una cantidad de temas interminables, y así, casi sin darnos cuenta, pasan velozmente los minutos, las horas e incluso los días.
Xaoen es un lugar encantador, tranquilo y muy acogedor, rodeado de montañas, donde las puestas de sol son preciosas y el ruido del río al pasar cautiva todos los sentidos.

Esa noche fuimos a cenar al restaurante Aladino, sin duda alguna, el mas romántico que jamás haya existido, Basado en Aladín, entrar en ese restaurante es adentrarte, como el que no quiere la cosa, en un episodio de dibujos animados. Los colores junto con un interiorismo y una arquitectura única, hacen de de este lugar un sitio donde cenar, además de placentero, sea inolvidable.
Tras dos días instalados en Xaeon y tras conocer a muchas personas y vivir días intensos llenos de aventuras, tuvimos que volver a Tánger para volver a casa.
Los días vividos ya nadie podrá quitárnoslos, ni nosotros mismos.
Nuestra primera experiencia en Marruecos fue inolvidable.
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